Evolución de las Buenas Prácticas para Calidad de Aire Interior

(primera parte)

La historia de la evolución de la Calidad del Aire Interior (CAI) refleja el creciente entendimiento del impacto del entorno construido sobre la salud humana. A lo largo del tiempo, la atención ha pasado de un enfoque en confort térmico a uno mucho más amplio, incluyendo contaminantes, ventilación, microbiología y bienestar general.

Siglo XIX – Revolución Industrial

Durante la Revolución Industrial, se hizo evidente el aumento de enfermedades respiratorias debido a la urbanización y el hacinamiento. Las primeras preocupaciones sanitarias sobre la calidad del aire interior surgieron en hospitales y fábricas. En estos contextos, Florence Nightingale defendía la ventilación natural y la limpieza como medidas clave para evitar infecciones.

Principios del Siglo XX – Primeros sistemas HVAC

Con el Desarrollo de sistemas de HVAC para calefacción, ventilación mecánica y aire acondicionado, comenzaron a evidenciarse las problemáticas de salud ocasionadas por la aislación térmica, que mantenía los ambientes cerrados para mayor rendimiento. Los problemas respiratorios, la fatiga y las alergias aumentaron. Durante este período, se identificaron diversos contaminantes del aire interior, tales como:

  • Formaldehído
  • Asbesto
  • Compuestos Orgánicos Volátiles (COVs)

Hasta los años ’70 y ’80 el concepto de confort se limitaba principalmente a la sensación de frío o calor, sin tener en cuenta la importancia de una buena calidad de aire en los ambientes, la cual es medida a partir de la cantidad de oxígeno que cada ocupante debe recibir. Además, este mismo periodo, comienza el cambio de los sistemas de operación manual de los equipos a sistemas electrónicos, pero tampoco se tenía en cuenta que los problemas de la calidad de aire comenzaban en los equipos HVAC. Estos pueden llegar a ser un gran sumidero de residuos orgánicos volátiles (biofilm) que a partir de la corriente de aire se distribuye y adhiere a todas las superficies expuestas, interior del equipo, serpentina, ventilador conducto y rejillas, esto se evidencia en la traza de suciedad que muchas veces vemos en los cielorrasos, alrededor de los difusores.

En las décadas de 1980–1990 – comienzan a dictarse las primeras normativas 

y estándares nacionales e internacionales para la calidad del aire interior, tales como:

  • ASHRAE 62 (EE. UU.): sobre ventilación mínima
  • ISO 16000: serie sobre calidad del aire interior
  • En Argentina, IRAM comienza a establecer directrices para CAI.

A partir de esta etapa, nace el concepto de ambiente saludable más allá del confort, lo que llevó a los ingenieros y proyectistas a adaptar sus diseños para asegurar la calidad del aire requerida según los ambientes, y el personal de mantenimiento deberá seguir las buenas prácticas para garantizar la continuidad de estos estándares a lo largo del tiempo.

Principios del siglo XXI – Evaluación integral de ambientes

A partir del año 2000 comienza una etapa que se centró en incorporar una evaluación integral de ambientes afianzando el concepto de salud ambiental interior. Además, se recomendó la Incorporación de monitoreo ambiental continuo (sensores de CO₂, PM2.5, COVs). Así como Uso de filtros HEPA, unidades de tratamiento de aire (UTA) purificadores, control de humedad. 

También se integraron nuevas normas de Calidad de Aire Interior (CAI), como: 

  • Certificaciones LEED, WELL, Fitwel
  • Protocolos hospitalarios (ISO 14644, IRAM 11605)

2020 – Pandemia de COVID-19 como punto de inflexión

La pandemia de COVID-19 fue un punto de inflexión global para la calidad del aire interior, destacando a la ventilación como un enfoque de medida sanitaria. Para lo cual se establecen Nuevos estándares de ventilación por persona y recambio de aire por hora (ACH). Recomendando una mayor inversión en medición de aerosoles, filtración eficiente

 e instalación de sistemas UVC.

Se produce entonces importantes cambios en los diseños que involucran la fabricación de sistemas HVAC, con el desarrollo también de la ingeniería dedicada al sector sanitario, que hoy cuenta con sistemas, normas y estándares de filtración específicos para cada aplicación.